El mal humor empezó cuando descubrimos que nos habían tocado los últimos asientos del ómnibus, esos que están al lado del baño y que se llevan los mejores olores (pongan ON a sus captores de ironía).
Incómodos y disgustados, nos abrumó la previsión de un aburrimiento infrenable al constatar que la lucesita de 1,5 cms de diámetro, cuya función es iluminar al pasajero sin molestar a los demás, no funcionaba. Cerré mi libro indignada y me resigné a escuchar canciones repetidas en mi mp3.
A todo esto, la pareja de adelante nuestro, no paraba de amasijarse. Él sobre ella, ella sobre él, una guerra contínua de lenguas que nos tenía a nosotros dos como exclusivos espectadores.
Indeseados espectadores.
No había manera de no verlos, pues la zona central de guerra quedaba justo en el intersticio que hay entre asiento y asiento.
Nos dedicamos a insultarlos en silencio, un poco para evitar la situación incómoda. Otro poco para evitar el aburrimiento que empezaba a invadir el aire, junto con los olores del baño.
Finalmente la pareja dejó un poco de lado tanta melosidad, y se dedicó a armar refuerzos de mortadela.
Hay pocas cosas en este mundo que me disturben tanto como el olor a mortadela.
Nunca sé distinguir si proviene de la mortadela misma o de un eructo de mortadela ingerida horas antes. Tras devorar sus refuerzos de olores nauseabundos, volvieron a la tarea que habían interrumpido minutos antes, o sea, volvieron a la achurada.
Luego de una hora y media de besos, caricias y palabras dulces que por suerte no escuché (tenía el mp3 a todo trapo), la chica se durmió encima del hombro de él, por supuesto. Mientras, él hacía cariñitos con su pulgar en la mejilla de ella. Una escena digna de comerse un puñado de sal gruesa iodada.
Cerré mis ojos y debo haberme dormido yo también.
Cuando desperté, ahí estaban ellos dos, intercambiando sus salivas de un modo abominable. No sé cómo no se deshidrataron.
Sencillamente fueron 4 horas de viaje torturantes. Cuando me bajé, en avenida italia y bolivia, les dirigí una mirada de displicencia que probablemente ignoraron. Pero yo tenía mi venganza planeada. Escribiría en mi blog para desahogarme, ja, los haría quedar como los dos tórtolos asquerosos que mezclaron sus alientos de mortadela en los asientos 42 y 41 de Rutas del Sol.
De todo un poco y de nada mucho
Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
Bienvenidos y no olviden dejar sus zapatos en la entrada.
Gracias.
30/3/08
24/3/08
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FEELS LIKE HEAVEN
Se siente como en el cielo. El viento le da en la cara, se le mete en los oídos, en la nariz, en la boca... apenas puede respirar, porque el viento le da con fuerza. Está cantando. Nadie sabe por qué. Nadie pregunta. Todos la ignoran. Es como que no cantara. La gente actúa extraño a veces. No ella, ella sólo está volando. Los demás actúan extraño, cuando fingen no verla. Yo también. Apenas disimulo. La miro de reojo, pero no quiero verla mucho. Será que me gustaría ser ella. Estar ahí. Sin importarme nada. Miro por la ventana, cuántos autos, cuánta gente. Nadie está riendo. Todos están serios. Cada uno en su postura. Quién sabe qué estarán haciendo, o por hacer, o qué habrán hecho. Quién sabe de dónde han venido, o adónde van, o si están yendo. Al lado mío también hay alguien, no sé quien es, pero me roza. No me gusta eso, pero no puedo hacer nada. Qué sistema raro. No estoy de acuerdo, pero lo acepto. Lo entiendo, pero no lo comprendo. No es lo mismo.
Sigo mirando por la ventana, él me sigue rozando... y ella sigue cantando
Se siente como en el cielo. El viento le da en la cara, se le mete en los oídos, en la nariz, en la boca... apenas puede respirar, porque el viento le da con fuerza. Está cantando. Nadie sabe por qué. Nadie pregunta. Todos la ignoran. Es como que no cantara. La gente actúa extraño a veces. No ella, ella sólo está volando. Los demás actúan extraño, cuando fingen no verla. Yo también. Apenas disimulo. La miro de reojo, pero no quiero verla mucho. Será que me gustaría ser ella. Estar ahí. Sin importarme nada. Miro por la ventana, cuántos autos, cuánta gente. Nadie está riendo. Todos están serios. Cada uno en su postura. Quién sabe qué estarán haciendo, o por hacer, o qué habrán hecho. Quién sabe de dónde han venido, o adónde van, o si están yendo. Al lado mío también hay alguien, no sé quien es, pero me roza. No me gusta eso, pero no puedo hacer nada. Qué sistema raro. No estoy de acuerdo, pero lo acepto. Lo entiendo, pero no lo comprendo. No es lo mismo.
Sigo mirando por la ventana, él me sigue rozando... y ella sigue cantando
20/3/08
Es cierto, no soy de acá ni de allá. Tal vez por eso algunos me preguntan de donde vengo. Pero acaso alguno sabe la respuesta a semejante pregunta? La sola idea de que no venimos de ningún lado ni vamos hacia ningún otro sitio, se plantea a veces en nuestras cabezas y así como llega la expulsamos con un ademán imaginario. Nos da vértigo pensarlo siquiera. La inmesidad del espacio, ese todo negro (o debo decir ese nada?) que se encuentra en todos lados, o en ninguno. Y en él, flotando de algún modo misterioso, un planeta que algunos han dado en llamar "tierra" aunque en realidad sea más que nada agua.
Y en ese planeta, chiquitos, individuales, cada uno con su reloj en el pulso o en el bolsillo, camina de un lado a otro, va a su trabajo, compra regalos de navidad y mira novelas en la tele.
Qué somos? Qué hacemos? Qué pasa una vez que nos hayamos despedido de esta "vida" para siempre? La oscuridad. Al menos así lo veo yo, que no soy precisamente católica... una oscuridad total e infinita. Seremos parte del todo, o de la nada, según la hipótesis inicial en la que cada uno quiera creer.
Y ahora me dejo de filosofías baratas y sigo con mi jueves de turismo.
Felices pascuas gente linda ! coman sus huevos de chocolate (los mejores son los que traen florcitas de azúcar) y traten de no pensar en cosas como las que planteo en este post.
Preferible ser Pinky a ser Cerebro.
Y en ese planeta, chiquitos, individuales, cada uno con su reloj en el pulso o en el bolsillo, camina de un lado a otro, va a su trabajo, compra regalos de navidad y mira novelas en la tele.
Qué somos? Qué hacemos? Qué pasa una vez que nos hayamos despedido de esta "vida" para siempre? La oscuridad. Al menos así lo veo yo, que no soy precisamente católica... una oscuridad total e infinita. Seremos parte del todo, o de la nada, según la hipótesis inicial en la que cada uno quiera creer.
Y ahora me dejo de filosofías baratas y sigo con mi jueves de turismo.
Felices pascuas gente linda ! coman sus huevos de chocolate (los mejores son los que traen florcitas de azúcar) y traten de no pensar en cosas como las que planteo en este post.
Preferible ser Pinky a ser Cerebro.
16/3/08
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11/3/08
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CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO
Estoy en una sala de espera. Es gris, oscura y con olor a humedad.
Me pican los ojos.
A mi alrededor hay muchas otras personas, pero cada uno está encerrado en sus pensamientos y nadie habla conmigo. Me aburre la espera, pero sé que vale la pena, así que no me muevo de mi asiento. En mi mano derecha, arrugado por la cantidad de tiempo que hace que lo tengo conmigo, un papelito dice en letras rojas "D 48". Creo que van por el B 13 , así que todavía me queda un rato largo.
Para pasar el tiempo me invento distracciones: juego al veo-veo conmigo misma, a las adivinanzas y juego un serio con el señor de enfrente. Sólo que como éste no sabe que estamos jugando, yo siempre pierdo.
Después de 7 horas de espera se abre una puerta al otro lado de la habitación. Por fin salgo del limbo en el que estaba encerrada y paso a otra sala de espera, mucho más entretenida, con televisión, revistas y una máquina de café y capuccino.
Me parece mentira estar acá. Los asientos son mucho más cómodos y la gente que me rodea parece estar igual de emocionada. Todos hablan con todos, incluso conmigo.
Ahora sí que me empiezan los nervios, quiero que me toque mi número de una vez.
Van por el D 34, ya casi me toca a mi.
Mientras espero el final de la espera, me pregunto cuánto tiempo pasó desde que estoy acá. Muchísimo, pero ya ni se nota el sacrificio. La fila. El cansancio. El hambre y el sueño.
Estoy feliz ahora, y van por D 39. Cuántos nervios.
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