De todo un poco y de nada mucho


Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
Bienvenidos y no olviden dejar sus zapatos en la entrada.
Gracias.



8/5/16

La pluma.

Una pluma. Chiquita, blanca, inertemente descansa en el piso de la cocina.
Inadvertida e irrelevante a nuestros ojos.
Inofensiva, uno podría pensar.
Mas no para él.
En cuanto la ve se siente desconfiado, amenazado incluso.
Ese ente extraño y desconocido no es de fiar. En este mundo casi todo resulta diferente a lo que parece.
Se acerca despacio, observándola. En ese momento la pluma se mueve apenitas, impulsada por alguna pequeña corriente de aire. Él salta del susto y emite un quejido.
Entonces me aproximo y le digo con voz suave y librada de toda burla que no hay razón para tenerle miedo, es apenas una pluma.
Él da dos pasos hacia atrás, con pánico en su rostro. No, no lo convenzo.
Aún cuando me ve tomarla entre mis dedos, ponerla en la palma de mi mano, decirle sonriente "ves? no te hace nada". Él sigue retrocediendo y veo que asoma el llanto.
Me da gracia y a la vez ternura que le tenga miedo a una pluma. Recuerdo aquello de que no hay que perder la capacidad de asombro.
Ahora de grande y con tantas cosas tomadas por obvias, aprendo con él asombrándome de sus asombros.
Es casi mágico. La mejor máquina del tiempo.

1/3/16

timing


Capaz que decirte esto mientras hago milanesas no es lo más apropiado, pero verás, esta es mi realidad ahora. De las pistas de milonga al pan rallado.
Y no es que no puedan mezclarase ambas cosas, pero la combinación es un tanto enchastrosa, la verdad.
Decía entonces, que tal vez convenga esperar al momento apropiado para decir ciertas cosas. Existirá eso del momento apropiado? Porque yo vengo hace rato con esto atrabancado y nunca es tiempo de sacarlo.
Y te digo, que ni cuenta me había dado de que ya pasó tanto tiempo desde que nos sentamos a tomarnos una mano a mano.
Tengo tanto que decirte... que reprocharte también, pero en breve me tengo que ir a calentar la mema.

(...)

Perdón, ya volví.
En qué estaba?
Eso, sí, que apenas tengo tiempo para ordenar mis ideas, mucho menos para sacarlas afuera y que las escuches vos. Pero es necesario, porque al final se van los días, los meses, y yo acá con todo esto.
Aunque tenes razón, no es lo mejor hablar con tanto alboroto atrás. Que ahora no más me llaman para contar un cuento y cantar el arroró.

(...)

Volví, seguís ahí?
Extraño cuando no era necesario sacar hora para decirnos las cosas.
Pero más extraño que antes no era necesario decir nada, porque no había nada para decir. Las cosas pasaban, simplemente.
Eso, extraño la simpleza con que pasaba todo.
Ahora el google calendar de mi rutina no encuentra ningún espacio libre como para desembuchar tranquila.
Y mirá la hora que es, me tengo que ir a aprontar todo para mañana.
Si te parece dejamos para otra vez.
Además como que ya no sé muy bien qué quería decirte. Dejame pensar y ordenarlo un poco.
Hablamos pronto, que pases bien.






31/7/15


Me enfrento a vos, tanto tiempo después
Todo está vacío
Me olvidé como eras
Me olvidé como era yo

No queda más remedio que empezar de cero
Tropezar de nuevo
Rehacer lo que se cayó
Intentar que otra vez funcione

Esta hoja en blanco entre vos y yo.


28/12/12

Que tengan un año lleno de colores,
cubierto con salsa de arándanos y chispitas de chocolate!


28/6/12

control


A veces nos esforzamos por tener el control. Sobre las cosas, las situaciones, incluso sobre las personas. Lo sé, porque sufro de ese mal, congénito.

Por supuesto que ya aprendí, a golpe y porrazo, que no se puede tal cosa. Y es que la mayor parte de las veces, dependemos de otros también. Hay otras variables, otras fuerzas. Siempre estamos vinculados a otras personas, que a su vez, gustan de tener el control sobre sus propias vidas, cosas, situaciones.

Pero la ventaja de darse cuenta de eso, y de finalmente ceder ante el anti-control, es que la cosa se vuelve mucho más interesante: surge la sorpresa.

Y es que ahí está la clave del asunto, creo yo. Dejarse sorprender.

Ya sé que cuesta. Existe una reticencia natural en nuestra naturaleza, una especie de instinto de supervivencia que frena como si viera el abismo mismo.

Hay que ensayarlo, forzarlo al principio para que luego salga natural.

Dejarse llevar, de ojos vendados, para finalmente escuchar el grito de “sorpresa!” y sonreír, al darnos cuenta de que fue mucho mejor no verlo venir.


13/4/12

Caraguá

Caminé por las mismas calles, aquellas que una vez fueron de tierra.
Me bañé en la misma playa, la de hace 30 años. No me recordaba. No la culpo.
Las palmeras sí me saludaron, me vieron llegar más grande y más cansada, y se confundieron entre mi sombra.
El olor del clima, las lamparitas amarillas, los adoquines hexagonales... todo se me filtraba entre los poros.
Volví a maravillarme como en aquella época, de risa fácil y tiempo ligero.
Por un momento se juntaron mi pasado con mi presente, se saludaron e intercambiaron comentarios.
Yo miraba, atónita, otra vez cinco años, los árboles de hojas redondas, las lagartijas sin cola, los morros mezclados con la niebla del mar.

Y descubrí, entre nostalgia y melancolía, que hay lugares a los que no se vuelve, ni aún volviendo.


8/3/12

click.


Los gritos se sienten de lejos. Van los tres cantando, abrazados, un tango de Pugliese.

Entre risas y tarareos se pasan las cuadras. Decidieron caminar, porque la cantidad de vino ingerido así lo exigía. Aire fresco y quince cuadras de caminata vienen bien. (Quince o veinte, no lo saben con certeza pero tampoco importa).

Así avanzan cuando de pronto uno de ellos para en seco. Sabe bien que ese momento es uno de pocos y merece ser inmortalizado.
Pega el grito a los otros dos compañeros de caminata.

La calle está desierta. Un foco alumbra con una luz amarillenta que envuelve todo en una atmósfera especial. Sí, el cuadro debe ser inmortalizado.

Apoya la cámara en un murito de la cuadra, enfoca a lo lejos mientras los otros dos posan, aún riendo a carcajadas.

Prepara el disparo automático, apreta el botón y sale corriendo para unirse en la pose. Tienen diez segundos antes del click.

Es durante esos diez segundos que todo parece congelarse. Le sobreviene un presentimiento extraño, una nostalgia prospectiva, ese gustito entre dulce y amargo. Se da cuenta, que ese breve instante es mágico, porque forma parte de una etapa con final anunciado. Porque así debe suceder, porque así sucede siempre.
Es un momento y circunstancia en la vida de los tres, que no volverá a repetirse de ese modo.

Y como se da cuenta, se siente afortunado, porque al menos tiene la chance de ser consciente, y de imponerse disfrutar al máximo. De aspirar, por la nariz y por los poros. Aspirar y detenerse ahí, para recordarlo todo: la luz amarilla, las baldosas de empedrado, el olor a vino y a perfumes mezclados.

Entonces el click, que lo saca del ensimismamiento. Y la caminata que sigue, entre el eco de los pasos y de las risas.

La calle queda atrás, al igual que el momento y la época, dejando una foto movida que siempre servirá de testigo.

(Para M.)

30/12/11

Felices próximos 12 meses !

... y que la felicidad los tome por sorpresa;
escondida ella, entre los días y entre las ramas.
De la mejor forma en que llegan las cosas buenas.



30/11/11

lo que calma es el grito


Indignación. Qué sentimiento extraño. Dan ganas de patear paredes, romper vidrios, tirar un vaso contra el piso, hacerlo añicos, descargar la ira.
Conozco una persona que literalmente se quebró la muñeca cuando de tanta rabia le pegó una piña a la pared del cuarto.
No he llegado a tanto.
Pero sí tengo ganas de gritar, patalear, berrear, o lo que me ataca siempre que me encuentro indignada: ganas de irme a la eme. Cazar mi bolsito, algún petate e irme bien lejos.
Lo bravo de ser adulto, entre tantas otras cosas, es eso de sentirse desprotegido ante la marea. Escuchar el viento que se mete por las rendijas de las ventanas, volando árboles, volándolo todo, y uno sentadito, frente a la computadora, pensando el autoconsuelo: "todo va a estar bien".
No hay un padre que te abrace, te diga bajito "no pasa nada, es viento".
Tampoco hay un hermano mayor, que salga por delante, haga frente y le diga al malo que ya no te pegue o se las va a ver crudas.

La indignación, mis queridos, es un sentimiento típicamente adulto. Porque hay que tragarla y seguir firme.
Y saber, lo más triste es saber, que esta no será la última de las indignaciones.

15/10/11


Fueron tan pero tan unidos, que a veces les costaba recordar cómo habián sido originalmente.
Se empezaron a mimetizar. Reían del mismo modo y tenían los mismos ticks. Incluso llegaron a confundir sus sombras y era común que caminaran usando el mismo andar.
Formaron un vínculo estrecho que se fundió con el tiempo, y un día ya no fue posible distinguir dónde empezaba uno y dónde acababa el otro.

Tanta fue la unión y tal el entrevero, que el día en que se separaron, él se llevó la risa de ella y ella se quedó con la mirada que una vez fue de él.