De todo un poco y de nada mucho


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31/12/17


- Él no es para vos - me dijo mientras pagaba la cuenta, poniendo de ese modo fin a la charla.
Quise rebatir la afirmación, no podía quedarme callada:
- Y vos cómo podés decir eso? Si ni siquiera lo conocés!
- Pero te conozco a vos. Sé decir cuando alguien te completa y cuando no.

Odio cuando me habla de ese modo, como si conociera cada vericueto de mi cabeza.
Y tan confiado de sus palabras, se pone la chaqueta y se acomoda el gorro.

- Me parece que estás diciendo cualquier cosa - discutí yo, cual manotazo de ahogado, porque en realidad es una frase hecha que utilizo para refrenar al otro. (Es que a nadie le gusta que le digan que está diciendo cualquier cosa).
Sin embargo esta vez no funcionó. Él no se volvió a sentar, y me quedó mirando desde su posición erguida, con esa soberbia en los ojos (cómo me fastidia).
Le hubiera tirado el café en la camisa, si de ese modo lo hubiera hecho sentar, pero ya no quedaba café en la jarrita.

- Te enojás porque sabés que tengo razón.
- Me enojo porque te CREES que tenés razón, pero no. Para que sepas, él es muy parecido a mí, tiene mi forma de ser. Nos gustan las mismas cosas, vamos a lugares comunes y pensamos lo mismo de casi todo. En fin, somos iguales...

No llegué a terminar la oración. Había captado el punto.
Él no dijo nada. Me miró, simplemente, y dejó escapar una sonrisa que lo significó todo.
Él lo sabía y yo también.

Salí del café y marqué por última vez aquel número en mi celular.

8/5/16

La pluma.

Una pluma. Chiquita, blanca, inertemente descansa en el piso de la cocina.
Inadvertida e irrelevante a nuestros ojos.
Inofensiva, uno podría pensar.
Mas no para él.
En cuanto la ve se siente desconfiado, amenazado incluso.
Ese ente extraño y desconocido no es de fiar. En este mundo casi todo resulta diferente a lo que parece.
Se acerca despacio, observándola. En ese momento la pluma se mueve apenitas, impulsada por alguna pequeña corriente de aire. Él salta del susto y emite un quejido.
Entonces me aproximo y le digo con voz suave y librada de toda burla que no hay razón para tenerle miedo, es apenas una pluma.
Él da dos pasos hacia atrás, con pánico en su rostro. No, no lo convenzo.
Aún cuando me ve tomarla entre mis dedos, ponerla en la palma de mi mano, decirle sonriente "ves? no te hace nada". Él sigue retrocediendo y veo que asoma el llanto.
Me da gracia y a la vez ternura que le tenga miedo a una pluma. Recuerdo aquello de que no hay que perder la capacidad de asombro.
Ahora de grande y con tantas cosas tomadas por obvias, aprendo con él asombrándome de sus asombros.
Es casi mágico. La mejor máquina del tiempo.

8/3/12

click.


Los gritos se sienten de lejos. Van los tres cantando, abrazados, un tango de Pugliese.

Entre risas y tarareos se pasan las cuadras. Decidieron caminar, porque la cantidad de vino ingerido así lo exigía. Aire fresco y quince cuadras de caminata vienen bien. (Quince o veinte, no lo saben con certeza pero tampoco importa).

Así avanzan cuando de pronto uno de ellos para en seco. Sabe bien que ese momento es uno de pocos y merece ser inmortalizado.
Pega el grito a los otros dos compañeros de caminata.

La calle está desierta. Un foco alumbra con una luz amarillenta que envuelve todo en una atmósfera especial. Sí, el cuadro debe ser inmortalizado.

Apoya la cámara en un murito de la cuadra, enfoca a lo lejos mientras los otros dos posan, aún riendo a carcajadas.

Prepara el disparo automático, apreta el botón y sale corriendo para unirse en la pose. Tienen diez segundos antes del click.

Es durante esos diez segundos que todo parece congelarse. Le sobreviene un presentimiento extraño, una nostalgia prospectiva, ese gustito entre dulce y amargo. Se da cuenta, que ese breve instante es mágico, porque forma parte de una etapa con final anunciado. Porque así debe suceder, porque así sucede siempre.
Es un momento y circunstancia en la vida de los tres, que no volverá a repetirse de ese modo.

Y como se da cuenta, se siente afortunado, porque al menos tiene la chance de ser consciente, y de imponerse disfrutar al máximo. De aspirar, por la nariz y por los poros. Aspirar y detenerse ahí, para recordarlo todo: la luz amarilla, las baldosas de empedrado, el olor a vino y a perfumes mezclados.

Entonces el click, que lo saca del ensimismamiento. Y la caminata que sigue, entre el eco de los pasos y de las risas.

La calle queda atrás, al igual que el momento y la época, dejando una foto movida que siempre servirá de testigo.

(Para M.)

30/3/11

El manual.

Hace 6 meses me compré una cámara digital, una de esas reflex que hacen que todas las fotos parezcan más bonitas. Lo primero que hice, al igual que cuando me compro cualquier artefacto electrónico, fue ojear los manuales y explicaciones que traía.
Ojear.
Que no es lo mismo que leer.
Y es que sólo ver el manual, con esa letra chiquitita, y esos 10 capítulos iniciales dedicados a explicar "cómo prender la cámara, cómo ponerle la batería, etc", me dio mucha pereza.

Así que, fiel a mi personalidad terca, me propuse aprender solita las diversas funciones y secretos de mi nueva adquisición.
Le agarré la mano, a fuerza de prepo, prueba y error, y gracias a algunos piques que me fueron tirando los ya familiarizados con este tipo de instrumentos.
Pero claro, igual me sentí frustrada alguna que otra vez.
Y es que por más que uno vaya tanteando, que el obturador esto y que las asas aquello, hay cosas que es mejor entender de un modo más técnico.

Así que un día, preparé mate, me senté cómoda en una mesa, dispuse la cámara a mi derecha y abrí el manual.
Prometo que puse mi mayor voluntad, pero no hubo modo.
A la tercer carilla, mi imaginación se había ido por recónditos parajes, mi concentración se había esfumado en su totalidad y realmente estaba leyendo sin prestar ningún tipo de atención.
Cuando me di cuenta, preferí ser honesta conmigo misma, acepté mi derrota y cerré el manual, que volvió al cajón en el pasaría los siguientes 4 meses, hasta hoy...

Resulta que durante todo este tiempo me he ido acercando a la cámara de diversos modos. Nos entendemos bien, nos gustamos, vamos a decir.
Pero hay misterios que queremos descubrir, la una de la otra.
Y es por esa razón, que haciendo un esfuerzo descomunal, dejé mi ansiedad atada en la puerta, y me inscribí en un curso de fotografía básico; pensando, muy cómoda yo, que el mismo revelaría todos los misterios que por pereza no había querido leer.

Empecé ayer.
Primera clase, y mi ansiedad se revolcaba por escapar de la soga. La ignoré. Presté atención a cada palabra, a cada explicación, hasta tomé apuntes!
Pero cuál fue mi desencanto, cuando al terminar la clase, el profesor-fotógrafo pidió de deberes, que todos y cada uno, leyéramos -por favor- el manual de instrucciones.
Sé que es tedioso, afirmó, pero es necesario.

Así que acá estoy, otra vez en el punto inicial: mate pronto, sentada en una mesa con la cámara a mi derecha. Y ya ven que mi concentración sigue nula, porque en vez de estudiar el famoso manual, me he puesto a escribir este post.


17/3/11

Pero qué gurisa maula...

Lo mío con los amores platónicos se remonta a tiempos indefinidos.
El primero que recuerdo fue Paulo Ricardo, un brasilero que tenía una banda de rock llamada RPM, muy popular en Brasil en los años 80.
Yo tenía 5 años y estaba completamente enamorada de Paulo Ricardo.
Recuerdo clarísimo una tarde que hojeando un diario (aún no sabía leerlo), descubrí una foto de mi adorado Paulo, que dejaba ver en su dedo anular, una argolla dorada y brillante. Creo que fue mi primer decepción amorosa. Me vino un dolor agudo en el pecho. No podía ser... Paulo Ricardo era casado!
Cinco años tenía yo, CINCO años...

Así que toda mi vida fui igual de cholula y platónica. No pretenda cambiarme nadie a esta altura, tamos?
Claro que es un poco más triste ser cholula y platónica con mis veintipico (ni a palos revelo el pico), que en la tierna infancia.

Tampoco pretenderán, a esta hora del partido, cambiar mi timidez.
Soy tímida, sí, aunque algunos se vayan a reír al leer esto. En realidad he trabajado bastante sobre ese tema, y de hecho he mejorado en gran parte.
Pero hace unos días descubrí que no sólo sigo siendo la misma cholula que era a los 5 años, sino que sigo siendo la misma tímida inocua.

No daré detalles, porque a quién le importa, pero estaba yo a pasos apenas de quien fuera mi último descubrimiento en materia de plathonic love.
Una horda de veinteañeras lo rodeaban, abrazaban, besuqueaban, y se sacaban fotos con él.
Yo mantenía mis pasos de distancia reglamentarios, (porque ya soy adulta, seria y esas cosas), y pude observar con perfecta nitidez, como una pendeja atrevida, que no pasaba de los 18 años, lo agarraba a apretujones, y lo toqueteaba todo. El tipo intentó resistirse, doy fe, pero ella tenía la fuerza de la determinación y desvergüenza juntas, y con sus dos manos sostuvo el rostro del cansado músico y lo forzó en un beso.
No satisfecha con esto, a continuación lo abrazó del cuello con un brazo mientras con el otro le acariciaba la espalda de un modo frenético; y atención, en el descontrol aprovechó a tocarle el culo sin ningún tipo de disimule. Estuvo próximo a una violación, me atrevo a decir.

Yo, perpleja, no daba crédito.
Refugiada tras mi vaso de cerveza, hundida en mi timidez recalcitrante, procedí primero a juntar la quijada que se me había caído al piso, y después me alejé lentamente porque ante semejante muestra de atrevimiento me sentí la más pelotuda e infantil de las allí presentes.
Otra vez tenía yo 5 años y miraba la argolla en el dedo, en una foto, en blanco y negro.

Hasta acá llegó mi amor, porque la verdá que con este tipo de cosas no puedo competir.
Mi estrategia es mucho más sigilosa (y mucho menos eficiente, claro): se limita a observar de lejos, una mirada sugerente de vez en cuando, una sonrisa atrevida quizás.
Pero está claro que los tiempos se vienen mucho más vorágines y la competencia es brutal.

No puedo con eso, lo siento. Y me alejo pateando piedritas.


5/1/11

HEN TO PAN


Hacía calor, no sé especificar cuántos grados, pero hacía mucho calor.
Recuerdo que sonaba un disco de Skank: Cosmotron.

Vou deixar a vida me levar | Pra onde ela quiser | Estou no meu lugar | Voce ja sabe onde é

Las ideas pasaban como flechas por mi memoriaa: somos nosotros y nuestras circunstancias. Un ciclo terminando para dar comienzo a otro. Encadenados. Consecuencia de.

Creo en la acción-reacción. Las cosas que nos pasan, las hemos provocado.
Somos serpientes mordiendo nuestras propias colas.

Aprendiendo, circularmente. Terminando, para volver a empezar.


Al mismo tiempo que esos pensamientos pasaban por mi cabeza, un cosquilleo me recordaba que estaban siendo grabados a sangre en mi piel. 
Sonreí al darme cuenta de que eso era lo único realmente definitivo que había hecho en mi vida.

Prendí un cigarrillo y repetí para mis adentros: Todo es uno.


11/12/10

*Nota: el siguiente post es sólo para adultos. Se revelan aquí algunas cosas que los niños no deberían leer.
La autora no se hace responsable de los resultados.




Creo que es hora de ponerle fin a esta farsa.
Cada año es la misma cosa... engañar así a los niños, no les da vergüenza?

Creo que si nos abstraemos del gordito simpático de nariz rosada y barbas blancas, lo que descubrimos es una terrible mentira.
Mentira que tarde o temprano quedará al descubierto, y ahí es cuando empiezan los problemas...
Adiós ternura, adiós esperanzas. Qué queda? La mentira viene de los propios padres, tíos, abuelos, hermanos, amigos incluso!
La gran mayoría de los problemas mundiales se verían solucionados, creo yo, si los niños no tuvieran que pasar por este baldazo de realidad desde tan temprano.
Es ahí cuando se termina la infancia, no en la pubertad.
Ese es el momento en el que nuestra inocencia se ve burlada, vejada, escupida incluso.

En mi caso particular, dejó marcas traumáticas que aún trato en terapia.
Ya no me avergüenza contar la historia. De hecho lo hago para que tomen conciencia, padres del mundo, del mal que le están haciendo a los adultos del futuro.

Desde chiquita, teniendo yo 4 o 5 años, mi amiga de la infancia, que vivía puerta por medio, me reiteraba incansablemente que "papá noel no existe, son los padres".
Pero mi fe era inquebrantable.
Con rabia la miraba, con rabia y con pena, pobrecita... no tiene fe...
Pero claro que alguna duda me surgía, entonces corría yo a los brazos de mi querida madre (que me mentía a cara de perro, vean ustedes) y le contaba la insistencia de mi amiga en negar al buen papá noel.
Mi madre exponía su argumento una y otra vez: "es que papá noel sólo visita a quienes creen en él. Como ella no cree, los padres le regalan cosas para que no se ponga triste. Por eso ella piensa que papá noel son los padres".
Una y otra vez escuché el argumento, una y otra vez me regocijé por dentro. Yo era una de las afortunadas.
Mi fidelidad, mi absoluta redención, se veían premiadas cada navidad con un árbol lleno de regalitos con mi nombre en ellos.

Alguna vez traté de evangelizar a mi amiga. Traté de llevarla por mejores sendas. Le dije: "si tú no crees, nunca vendrá... y tus padres deberán seguir comprándote los regalos..."
Con mi manita apoyada en su hombro, mis ojos brillantes por la esperanza que me llenaba,  y mi mejor mirada de compasión hacia esa pobre alma perdida.
Alma perdida que se mataba de risa, a carcajadas, y repetía otra vez: "no seas boba!! papá noel no-ec-sis-te"

Así pasó el tiempo.
Me mudé luego. No vi más a mi amiga y no tuve que soportar más sus teorías conspiratorias.

Entré a la escuela. Ahí tuve que afrontar varias negaciones más. Todos esos niños perdidos, negando y renegando el milagro de navidad. Pobres...
Se reían de mí, claro está. Pero yo hacía oídos sordos a sus risas necias.
Yo estaba más allá.
Yo veía lo que ellos no.
Y por eso yo recibía mis regalos de la mano del legítimo papá noel.

Siguió pasando el tiempo... no diré cuánto tiempo pasó, pero les aseguro que ya estaba bastante grandecita.

Un año, al acercarse la fecha, las negaciones ya eran demasiadas y estaban por todas partes.
Hasta una fe estoica como la mía tiene sus resquemores. Así que fui nuevamente con la pregunta a mi madre, cual católico se acerca al confesionario: "mamá, las dudas vuelven, preciso escucharte decirlo otra vez... papá noel existe, verdad?"

No olvidaré jamás la escena.
Mi madre, sentada en la cama, se quebró por fin. Luego de años de mentirme sin compasión (a mí! su propia sangre!), vio el desespero en mis ojos y confesó (entre risas lo confesó la muy maldita): "no nena, papá noel no existe..."

Mis piernas se aflojaron. El mundo a mi alrededor se detuvo.
Se me nubló la vista y se me aceleró el pulso.
No podía ser cierto. No podía.
Recordé a mi amiga, recordé a tantas otras personas que juzgué de tercos.
Me sentí usada, ultrajada, burlada.

Entonces hice cuentas mentales y até cabos. Mirando con desespero a mi progenitora realicé mi siguiente pregunta: "y los reyes magos tampoco!?"


25/11/10

Uruguayeces.
(toma 3)

Cuando uno está lejos, el paisito se hace extrañar. Aaah si se hará extrañar...
Y es por eso que al volver, se empeña en demostrarnos que su escencia es única e inigualable.

El vuelo debía llegar a la 1.00 am
Pero fue atrasado (con previo aviso, debemos dejar eso claro), y la llegada se corrió para las 2.30.
De todos modos se atrasó un poco más (esta vez sin previo aviso alguno), y la llegada terminó siendo a las 3.30 am.
Por supuesto que el humor del total de los pasajeros estaba bien caldeado.
Teníamos sueño, frío y hambre (porque ni un vaso de agua te dan, ni una pasa de uva, nada).
Pero llegamos al paisito y eso da una cierta alegría compensatoria.*

Se divisó el reluciente casco blanco del aeropuerto nuevo (cuyo nombre aún ignoro), y fuimos bajando de a poquito, mientras nos limpiábamos lagañas y babas secas.

Subimos al ómnibus que nos transportaría hasta el interior del aeropuerto.
Arrancamos.
15 kms/hora.

Cuando ya estábamos casi llegando, se escucha el "prrr" de un walkie-talkie.
A continuación, una chica vestida de traje azul y pañuelito rojo, dueña del walkie-talkie, preguntó a viva voz:
- está aquí el pasajero que despachó un perrito?
Una señora rubia, aún medio dormida, reaccionó al instante:
- si, soy yo!
- Señora, su perrito se escapó de la jaula, pero aún está en la bodega...-

Caos general.
La señora salió atropellando a sentados y parados, se llevó puestos un par de carryons y un coche de niño, y finalmente llegó a la puerta del ómnibus.
Hablaron un rato, y entonces sucedió lo inaudito: el ómnibus comenzó a dar la vuelta.
Ya se divisaban los escritorios del check-in, ya podían leerse las ofertas del freeshop, estábamos taaan cerca, pero no, no pudo ser, el ómnibus dio la vuelta para ir a rescatar al perrito.

Por supuesto que los comentarios fueron inmediatos:
- Lo quéeeeeee? Vamos a ir tooooodos?
- Ah, sólo esto faltaba...
- No-te-pue-do-cre-er
- Cachorro também é gente!**
- What the fuck?***

Cuestión que volvimos todos al avión y la señora salió corriendo en dirección a la bodega.
Mientras, los carteles del aeropuerto (siempre tan apropiados),  nos recibían con frases del tipo: "Bienvenido a Uruguay, disfrutalo!"


_____
* No por el paisito en sí, sino por llegar a tierra firme.
** : "los perros también son gente".
*** : "qué demonios?"

pd: para los amantes de los animales, es mi deber comunicar que Simón, el pekinés causante del disturbio y del atraso de media hora extra, salió sano y salvo de la bodega, moviendo el rabo y haciendo fiesta a todo el mundo. Luego hizo pis en la chaqueta azul de la azafata, pero ella no se enojó. Supongo que estaba demasiado cansada...

4/11/10

Uruguayeces.
(toma 2)

Anoche fui con mi madre a un concierto que se celebró en el auditorio Adela Reta, por los 125 años del colegio Santa Elena, (al que asistí los primeros 4 años de escuela).

La sala se llenó totalmente (alumnos, ex alumnos, funcionarios). El ambiente era festivo y de reencuentro.
A nosotras nos tocó la galería alta. Para los que no conocen el Adela Reta, la galería alta está alláaa arriba del todo, la más alta de todas, como su nombre bien lo indica, y sólo llegar a ella y mirar al escenario provoca un vértigo increíble.
Para mejor, nos tocaron 2 asientos en la penúltima fila. Es decir que por una fila no estábamos en los límites mismos del auditorio.

Empezó la celebración. Después de un discurso lleno de palabras que no escuché (no porque la acústica fuera mala sino porque no presté la más mínima atención), anunciaron que se proyectaría un cortometraje elaborado para la fecha en cuestión.
Ahí fue cuando me di cuenta, por adelantado, que algo no iba a salir bien. Resulta que desde nuestra hiper altísima ubicación, las pantallas que habían dispuesto en el escenario para proyectar el video, ni siquiera llegaban a verse.

El video comenzó.
Tal cual lo supuse, desde nuestra galería alta no podíamos ver nada.
Música, reportajes, todo se escuchaba, y si hacías el esfuerzo de agacharte bastante, podías llegar a ver el borde inferior de la pantalla.
Entonces sucedió: la gente empezó a protestar.
Comenzaron aplaudiendo, no como festejo sino como reclamo. Aplausos que tapaban la voz del video. Siguieron con chiflidos, silbidos, gritos histéricos.
Alguien comenzó el cántico "acá-no-vemos-nada!, acá-no-vemos-nada!" y fue seguido por unas cien voces eufóricas.

Los de abajo, que sí veían y que por supuesto no entendían nada, pedían silencio. Se mezclaban los silbidos con los ssshhh y con la música de fondo del video, que seguía trasmitiéndose como si nada pasara.

A esta altura el asunto ya era algo personal. Así que el cántico fue suspendido y en su lugar empezaron a gritar cosas del tipo: "acá arriba también existimos!", y "nosotros también somos humanos!"
Estas frases, eran seguidas por risotadas y aplausos del resto.
Más silbidos. Más ssshhh de planta baja.
Adela Reta, el auditorio más importante de nuestro país, convertido en un estadio. Faltaban los choripanes.

Yo no sabía dónde esconderme. Me abrumaba una profunda vergüenza ajena.
Comprendía el enojo, (por supuesto que fue algo totalmente desastroso por parte de la organización del evento), pero no tenía la culpa el Santa Elena. Y no tenían la culpa el resto de los mil y pico de personas que querían ver el video.

Mientras yo me encogía en el asiento, tratando de desaparecer, las acomodadoras del teatro pululaban entre las filas, rogando comprensión y silencio: "no hay nada que podamos hacer", decían, "por favor, intenten mantener el silencio".
Por supuesto, como siempre pasa en esos casos, en vez de mantener silencio los gritos aumentaban, los cánticos se hacían más fuertes: "que-se-termine! que-se-termine!" , "estamos aburridos! estamos aburridos!".

Finalmente, no lo soporté más y salí al foyer.
Ahí me encontré con decenas de personas, que al igual que yo, buscaban un escape momentáneo a tanta barbarie.

Después de 40 minutos de escándalo, se terminó el video y pudimos volver a la sala para disfrutar del coro, del que mejor ni hablo porque sino me van a tildar de negativa.

Algo es seguro, la próxima vez que quieran proyectar videos, dudo que los organizadores se olviden de las galerías altas, (muuuy altas) del Adela Reta.

28/8/10


Sutil.

Entro al bar y enseguida reconozco su espalda. (Cómo no hacerlo? Dormí abrazada a ella tanto tiempo...)

Pocos días de diferencia, y quien lo acompaña, esta noche, no soy yo.
De todos modos la chica me resulta familiar.
La he visto varias veces ya, la he imaginado varias veces más.

Así que acá estamos, los tres, convocados en el mismo tiempo-lugar, compartiendo escasos metros cuadrados, viviendo una situación tantas veces imaginada.

Saludo.
Porque soy una lady.
O porque soy masoquista, todavía no me queda claro.

Saludo y él actúa muy espontáneo. Sonrisa, abrazo, cómo estás. No ahorra efusividad, pero esa sonrisa ya no es la misma. Ese abrazo ya no me cierra.

Me tiembla un poco la voz. Son los nervios, supongo. Trato de actuar casual, pero nunca fui buena actriz. La situación es tensa, y hasta el mozo se da cuenta.

Igual está bien así. Mejor ver que imaginar, pienso.

Intercambiamos un par de frases guionadas.
Me despido.
Siempre lady, siempre masoquista. Otra sonrisa, otro abrazo.

Salgo, entonces, por la misma puerta que me mostró su espalda minutos antes.

Al salir, un cartel, estratégicamente colocado, reza en tiza blanca:
"you can´t always get what you want".

A veces la vida tiene un modo bastante sutil de explicar sus moralejas...

11/7/10


- Sos rara - me dice, mientras se manda una galletita con mermelada.

Y tal vez tenga razón. No tengo ninguna deformidad física, no es por ese lado que va la cosa, pero puede ser, sí, que en otros aspectos sea rara.

Igual él no se refiere a eso. No está señalando mis cualidades psíquicas (con P, para los que se quejan), sino que apunta a algo más simple, mucho más banal, y paso a explicarlo:

Mi casa es un caos. En la cocina puede adivinarse lo que cené, almorcé y desayuné ese día, ya que no fui capaz de lavar ni un tenedor.
En el cuarto, hay más ropa fuera del placar que dentro de él. Las sábanas evidencian que rara vez han sido tendidas de una noche a la otra, y los zapatos se aglomeran en diversos rincones.
Pero entonces, él muerde una galletita y varias miguitas caen desprendidas hacia su pantalón. Las miro con horror.
No puedo concentrarme en lo que está diciendo. No lo escucho, sólo puedo pensar en las miguitas, que están ahí, a punto de ensuciarme la moquete de la sala.
Entonces, una de esas migas, osa dar el salto fatal desde el pantalón hacia la moquete. Me desquicio. Mis ojos siguen su trayecto y en un acto de indudable capacidad motriz, logro detener su caída con mi mano. Ya que estoy, aprovecho a juntar alguna otra que no había visto caer antes.

Es entonces cuando él me dice: Sos rara.

Y repito, puede ser... pero claro, no es él quien tiene que andar aspirando después.

21/4/10


Una de celulares.

Mi amiga F tiene por costumbre asignar canciones largas para que funcionen como ringtone cada vez que le llega un mensaje de texto al celular.
Así, hubo una época en que cada vez que recibía un mensaje, los tribalistas empezaban a sonar a viva voz: "Já sei namorar, Já sei beijar de língua, agora só me resta sonhaaaar..."
Era bastante molesto, sobretodo cuando le llegaban 10 mensajes al hilo.
Y máxime si no los leía al instante: el celular quedaba sonando eternamente.

Hace poco, tuve que viajar por trabajo a Porto Alegre.
Bueno, el "tuve" no es literal, y el "trabajo" es absolutamente relativo.
Pero suena más interesante decir que tuve que viajar por trabajo a Porto Alegre.
Como mi celular, por muy del siglo 21 que sea, no tiene triple banda y por lo tanto muere ni bien cruzo la frontera, mi amiga se ofreció muy gentilmente a prestarme el suyo.
El intercambio tuvo lugar la noche en la que me iba.
Le llevé mis peces, (porque también ofició de niñera de peces), y cambiamos tarjetas SIM.
Me despedí de Cleo y Ulises con un besito a través de la pecera, di las recomendaciones pertinentes (3 pelotitas de comida para cada uno, 4 pelotitas los domingos), y me fuí.*

El viaje a Porto Alegre duró como 16 horas. El ómnibus no era ni siquiera semi-leito. Creo que un Cutcsa Diferencial hubiera sido más cómodo.
Enfin, yo venía durmiendo bastante mal, dura en ese asiento apenas reclinable, despertándome a cada rato debido a peajes, estaciones de servicio, aduana...

Eran las 3.32 de la madrugada, cuando me despierta una musiquita. Sonaba suave y como a lo lejos.

Hay tanto que quiero contaaarte, hay tanto que quiero saber de tiiii...

Abrí los ojos, malhumorada, mirando alrededor. Estábamos en la aduana. Las luces prendidas. Pensé: "qué molestos... para qué nos despiertan ahora?"
Me incorporé en el asiento, pensando que en cualquier momento vendrían a pedirnos algún dato, quién sabe...
Lo extraño es que el resto de los pasajeros dormía. Acaso no escuchaban la maldita musiquita?

... dime si quisieras andar conmigooo, oooooh, cuéntame si quisieras andar conmigooo, oooooh...

Pasaban los minutos.
Deben haber pasado 7 minutos, mínimo.
Y nadie subía a pedirnos nada. Y nadie decía qué estaba pasando. Y yo ya me empezaba a impacientar.
Que nos dejen dormir!!! Que apaguen esa música diabólica !

...hay tantos caminos por andaaar; dime si quisieras andar conmigoooo...

Una y otra vez, Julieta repetía sus estrofas.
"Ni siquiera son capaces de ponernos otras canciones?" - pensaba yo.
Estaba a punto de levantar una demanda judicial contra la compañía de ómnibus, cuando la persona que se sentaba delante de mí, se dio vuelta entre furioso y somnoliento, y me preguntó con la cara aún marcada por la almohada inflable: - qué es eso!?
Yo respondí, también furiosa: - no sé ! no entiendo qué quieren de nosotros!
Él, más confundido que otra cosa, señaló mi cartera y repitió: - eso, qué es!?

Entonces todo cuajó.
Como una revelación, como una luz divina que me iluminaba desde el más allá, y me dejaba ver todo claramente. Incluso hubieran sonado arpas ambientando mi lucidez, pero no fue posible porque la Venegas seguía preguntando si querían andar con ella.

La música no provenía de los parlantes del ómnibus, sino de mi cartera, más precisamente del celular de mi amiga F, quien había considerado justo darle un descanso a los tribalistas, cambiado así de ringtone.
A su vez, TIM (muy oportuno), me había enviado un mensaje para darme la bienvenida a la red, a las 3.32 de la madrugada.

Al final resultó ser una situación graciosa, aunque no lo piense así el señor del asiento delantero; y aunque debido a eso, ya no puedo escuchar a Julieta sin que me den escalofríos.


*La aparición de Cleo y Ulises nada tiene de relevante, pero me pareció lindo mencionarlos, pobrecines...

14/4/10


La pieza todavía no empezó. Nos preparamos: abrazo su espalda, él abraza mi cintura. Con su mano izquierda sostiene mi mano derecha. Entonces probamos el peso de nuestros cuerpos juntos. Él toma el control y me lleva contra sí.
Yo lo dejo, es la gracia.

La música empieza a sonar, y él da el primer paso, luego el segundo, y después ya no puedo seguir contando. Porque todo sucede de un modo natural, suave pero con ritmo.
A un paso suyo le sucede uno mío.
Aunque me cuesta, me dejo llevar, estoy totalmente a su disposición.

Cierro los ojos.
Mi cara apoya contra la suya. Siento su respiración que se acelera, siento su perfume que sube desde su cuello.
Nos deslizamos como si estuviéramos volando. No pienso, mis pies se mueven solos.
Sólo siento que sostiene mi cintura y que me guía, y me lleva, y me trae otra vez.

En una pausa natural del baile, aprovecho a comentarle, por si no se dio cuenta, que tengo mi carácter; me cuesta dejarme llevar, en la vida como en el tango.

– Es cierto, tenés carácter – me dice– pero yo también lo tengo.
Y mientras me sostiene con más fuerza, agrega: – Entonces, mirá lo que va a pasar: vos te vas a querer alejar... y yo no te voy a dejar.

16/3/10


Trabajamos juntos desde hace un año. No somos precisamente compañeros de trabajo, tampoco socios. Digamos que nos pasamos trabajo mutuamente, así se entiende mejor.

Cuestión que trabajamos juntos desde hace un año.
Buen relacionamiento, con mutuo respeto, bromas en su debido momento, algún mate compartido, esas cosas…

Ya estarán sospechando por dónde viene la mano, eeeh?
Pero no se adelanten a la narración, carajo. La autora podría sorprenderlos.*

Resulta que hoy nos vimos en una obra. Él me llamó para que lo asesorara en unas cosas.
Debí haberme dado cuenta de lo que se venía.

Pista 1: El olor a cerveza que emanaba de sus poros.

Pista 2: Su mirada libidinosa escaneándome de arriba a abajo mientras me hablaba de revoques gruesos y caños a reparar.

Pista 3: El intento evidente de que se fueran las demás personas de la obra y que nos quedáramos solos.

Así que en un momento, mientras yo anotaba cosas en mi libretita, sentí que se me acercaba con paso lento pero firme. Medio que me arrinconó contra las enredaderas, mientras me decía:
“tengo ganas de darte un beso”.

¿Cómo se responde a un avance de este tipo?
Se abre aquí una dicotomía: a) te gusta el sujeto, b) no te gusta el sujeto.

Y eso es básicamente todo lo que hay que tener en cuenta a la hora de pensar la respuesta a semejante arribo. Muy simple. Muy automático.

En mi caso, no me siento atraída en lo más mínimo por el sujeto en cuestión. Diré incluso que me repele un poco; por lo tanto, la cadena de pensamientos que me nació en ese momento fue: “pero qué se cree este guarango? Yo soy una profesional seria, responsable, sensata, discreta… No estoy para estas pavadas, tengo ganas de darte un beso, pero qué pedazo de atrevido-asqueroso-desubicado”.

Así que decidí escaparme por la tangente (de un modo literal, me escapé tangencialmente de su “ataque”), a la vez que lo tomaba como broma:

- Estás borracho? -

(Está bien, reconozco que no tengo buen tino para este tipo de cosas).

Sin embargo, y muy a mi pesar, el personaje no se rindió, me empezó a seguir mientras decía: “debe ser este lugar, que me pone así… o capaz que sos vos quien me pone así”.**

La situación era realmente incómoda. Yo reculaba mientras él avanzaba, diciendo cursilería barata que ni siquiera llegué a escuchar, porque estaba tratando de visualizar la puerta de salida.

Entonces cambié de tema. Me puse seria, hablé del trabajo, del presupuesto, del plazo de entrega, de cualquier cosa le hablé…

Debo haberle transmitido mi mensaje de un modo bastante claro, porque el avance cesó. La cursilería también cesó. Mis nervios no cesaron, pero todo no se puede.

Luego me despedí rápidamente y de lejitos, y salí de ahí lo más rápido que pude; pensando durante todo el trayecto hasta la puerta: “este hijo de puta me está mirando el culo”.


*no es el caso, pero podría ser…
**este lugar = obra derruída, llena de escombros y pulgas (sí, me consta que hay pulgas)

6/3/10


Escucho un ruidito y salto de la cama. La puerta del cuarto se abrió sola, otra vez.
- Te dije que arreglaras la puerta- le digo a mi pareja que sigue durmiendo como si yo no existiera. Seguro que está babeando la almohada.
Ya me desvelé y va a ser difícil que me vuelva a dormir, así que me pongo el salto de cama y me dirijo al living.
Voy yendo de la cama al living.

Prendo la computadora. Voy a ver si juego al buscaminas.
Me da rabia que él siga durmiendo tan pancho.
Subo el volumen de los parlantes al máximo, así cada vez que estalla una bomba hace un ruido bien molesto. Y como estoy jugando en nivel "experto" estallan bombas todo el tiempo.
Después de un rato, y dado que mi maldad no tuvo el efecto deseado, apago la máquina y me voy a la cocina.
Voy yendo del living a la cocina, pero no hay canciones que ambienten eso...

Abro la heladera y la contemplo un rato. Paseo mi vista desde el cajón inferior hasta el primero de los estantes: una zanahoria y media cebolla en una bolsita, un tomate, una manzana, no, dos manzanas. Un pote de margarina cero grasas trans, tres huevos... Ah, qué suerte hay leche!
Agarro una taza del mueble, todo haciendo el mayor bochinche posible. Abro y cierro el microondas con fuerza, toco bastantes botoncitos, dejo que suene después del minuto de calentamiento. Dejo que suene sus tres bips.

Voy caminando hasta el living otra vez. Prendo la televisión mientras me tomo mi leche.
En el canal 5 están pasando el carnaval. Está actuando una agrupación de lubolos o algo así. Son malísimos. Subo el volumen, bien fuerte, un poco más fuerte.
Me entro a reír con ganas, no porque sean graciosos (realmente apestan) sino para molestar.
Pero el tipo no hay caso, no se inmuta. Voy a tener que ir a saltarle arriba?

Me pongo las pantuflas y salgo del apartamento, golpeando la puerta al salir. Llamo el ascensor.
Bajo hasta la recepción y toco mi timbre. Todo mi propio timbre, largo y tendido, dejando el dedo firme en el botón, apretando un rato largo. Ja! A ver si no se despierta ahora!!
Vuelvo a subir en ascensor.

Entro al apartamento con una sonrisa de victoria anticipada. Cierro la puerta con un golpe seco y me encamino hacia el cuarto con paso firme.
Seguro que está furioso. Me da risa imaginar su cara, medio dormido, sin entender por qué mi maldad.

Entro al dormitorio y prendo la luz, con una sonrisa de oreja a oreja:
La cama está vacía, el lado izquierdo permanece inmaculado.

Y es entonces que me acuerdo: - ah, es cierto que yo vivo sola...-

3/3/10



Sucede que tengo por mascota un san antonio. Se llama Antonio, pero cariñosamente le digo Antuán. (Menos cuando me enojo, ahí le digo Antonio nomás).
No es por hacerme la excéntrica, la rarita, ni nada. Simplemente sucede que tengo por mascota un san antonio.

Pero él no lo entendió.

La primera vez que salimos, o tal vez fue la segunda, tuve que escucharlo hablar durante horas sobre su ética pulcra y obediente, su moral intachable, su religión inmutable y sus tres dioses, los describió, tiene tres dioses (cada uno dedicado a una faceta diferente de su vida).

Después me cuestionó acerca de mis propios credos. Me hizo elaborar un ranking donde se enumeraran las cosas que a mi modo de ver importaban realmente en esta vida.
En una servilleta, me hizo dibujar un hombre bajo la lluvia, y una casita. Presté especial atención en dibujarles el piso, y en hacer la mayor cantidad de detalles posibles (a pesar de estar acostumbrada a dibujar monos y cajas de zapato...)

Él observaba cada cosa y parecía anotar mentalmente los resultados.

A continuación me hizo escuchar una serie de canciones de los beatles y yo debía decir qué nombre tenían esas canciones y a qué álbum pertenecían.
Con el debido respeto, no tengo ni puta idea de la discografía de los beatles, así como no la tengo por ninguna discografía en especial.
Pero hice lo mejor que pude. Estoy segura de haber acertado en "hey jude".

(Si hubiera tenido el google para ayudarme, todo hubiera sido más fácil).

Cuando ya estaba bastante cansada y me había tomado como 7 cocacolas, le dije tímidamente que no entendía adónde quería llegar.

Explicó que no suele embarcarse en relaciones amorosas con completas desconocidas. Y que por eso quería saber más de mí.
Me pareció respetable, y seguí colaborando.
Me dijo, además, que por ahora venía bien. Que menos la parte de las canciones, lo demás había estado por encima del average. Que mis credos dejaban mucho que desear, pero que eso podíamos trabajarlo juntos.

Entonces llegó el momento del tema libre.
Me dijo así, ahora elegí un tema de tu preferencia y explayate tranquila. Yo te escucho.

Y entonces le hablé de Antuán. De mi mascota Antuán y de que lo quería tanto.

Su cara cambió. Repentina e inexplicablemente, o tal vez fue al revés.

Se paró separando la silla hacia atrás, en un solo movimiento y con las manos aún apoyadas en la mesa. Me miró serio y me dijo: nena, vos estás loca.
Agarró su abrigo y se fue.

Nunca más lo volví a ver.

25/2/10


Diiime donde vas, Gatitooo.

A principios del año pasado, justo cuando yo volvía de un viaje largo y estaba todavía buscando mis anclas (por no decir excusas que justificaran no tomarme el primer avión), apareció un gatito en mi casa.
Apareció, y se quedó nomás.
Me distrajo un rato durante esa época de ocio no voluntario.

No voy a ahondar en detalles, no porque no sean importantes, sino porque ya lo hice (el que quiera que lea acá).

Pasó un año.
Gatito se acostumbró a nosotros y nosotros a él. Nos domesticamos mutuamente.
Y eso que nunca fui a cat person.
Pero Gatito sabía ganarse el cariño de los demás. Utilizaba un método infalible: se hacía el estrellita. Te ingoraba, repelía los mimos, esas cosas que hacen los gatos. Y como buena mujer, me gusta el que no me da bola.
(Funciona también para mascotas).

Hace un par de semanas, Gatito decidió que ya era tiempo de conocer otros mundos.
Así que sin levantar sospechas, y como hacía todos los días, salió a dar una vueltita por el barrio.
Pero al contrario de otras veces, Gatito no volvió.
No volvió a los pocos días, ni a la semana. Ya hace un mes, y Gatito nada.

No me preocupo. Sólo me da pena no haberme despedido.
No haberlo hecho rabiar una última vez.
Pero sé que está bien. Que se fue a conocer otras casas y domesticar a otras, que como yo, precisaban un poco de su personalidad.*

Y acá termina entonces, la historia de Gatito... que así como vino se fue, nunca mejor dicho.



*la autora quiere aclarar que no es tonta, y bien sabe que es probable que Gatito haya sido aplastado por algún camión al cruzar una avenida. pero por el bien de la historia, y por el romanticismo que aún guarda en sus venas, prefiere dejar esta hipótesis invalidada.

9/2/10


"De todo laberinto se sale por arriba" - L.Marechal

Cuando estuve en A Coruña, me llevaron a conocer el monte San Pedro, con una increíble vista panorámica y un restaurante bastante coqueto.
En ese lugar había, y hay todavía, un laberinto.
No recuerdo si tiene algún nombre particular, creo que no.
Es un laberinto hecho con setos, de 2 metros de altura aprox.
Fue verlo, y por supuesto, querer adentrarse en él, jugar en él, desafíar al diseñador, batir algún record, etc.
No estaba yo sola, así que instintivamente empezó la competencia. O mejor llamémosle "juego".
Enseguida nos dispersamos. Algunos tomaron por un camino, otros por otro, yo por otro distinto.
No sé cuánto tiempo estuvimos ahí adentro.
Capaz que fueron 10 minutos, media hora, toda una tarde. No importa. La cuestión es que no lográbamos encontrar la salida. Nos cruzábamos en los callejones del laberinto, nos gritábamos de un lado al otro, hasta dejamos la competencia de lado, para empezar a jugar juntos. Pero ninguno logró encontrar la salida.
Desde arriba, los que nos habían llevado al lugar (locales ellos), nos observaban y se reían. En vano les pedimos ayuda, una guía desde su vista privilegiada, que nos dijeran "derecha izquierda caliente frío".
Ellos se reían, sólo eso.

El hecho es, que este laberinto del monte San Pedro, no tenía ninguna salida.
O visto de otro modo: la salida era la misma que la entrada.

Para cuando nos dimos cuenta de ese detalle, estábamos agotados. Ni gracia nos dió descubrir la "solución" al problema.
Por supuesto surgieron enseguida los chistes fáciles, del tipo: "tenían que ser gallegos", "mirá como hacen los laberintos estos gallegos", "hay que ser gallegos! hacer un laberinto sin salida!"...

Pero todo tiene su enseñanza, por supuesto.
Y como toda buena enseñanza cae con gotera, y la vine a descubrir mucho después.

Hoy, me senté meditabunda a mirar por la ventana. Tantas cosas pasaban por mi cabeza. Situaciones que se repetían, charlas girando en mi memoria... cosas, digamos, que vuelven y vuelven, en un vaivén que parece no terminar nunca.
Y entonces me di cuenta, de que estaba como en el laberinto de A Coruña.
Dando vueltas y vueltas buscando un camino donde en realidad no hay más nada.
Donde en realidad la solución no es tratar de encontrar la salida de ahí, sino volverse al comienzo.

La verdad es que todavía no definí del todo la analogía, pero sé que existe una.

En principio me gustaría decir que no son tan gallegos estos gallegos...


*ruego a los gallegos que lean esto: no ofenderse.
nuestros chistecitos son cariñosos.
:)


foto del laberinto visto de arriba.
gracias a google earth y a wattanaii por su colaboración :)

3/2/10


mi metización

Hoy me miré al espejo (el del ascensor, porque en mi nuevo hogar todavía no tengo ninguno*) y descubrí algo horrendo, espantoso, atroz: una cana.
La muy maldita se alzaba por entre mis demás cabeleos con total impunidad. De unos 4,3 cms de largo, torcidita y bien blanca... toda una cana, digamos.
Por supuesto que no le di tiempo ni a reaccionar. Con presteza y una puntería destacable, la agarré entre mis dedos índice y pulgar y cinché rápidamente (tampoco es cuestión de hacerla sufrir pobre cana).

La acción pasó desapercibida porque iba sola en el ascensor, y hasta donde yo sé no hay cámaras instaladas.
Sin embargo, aquí estoy yo, declarando públicamente el hallazgo de este pedazo de evidencia. Evidencia de que envejezco, sin opciones.

Y como siempre pasa, me pongo reflexiva. Analizo la situación. Medito acerca de las implicancias del hecho y sobretodo acerca de los causantes; llegando a una única conclusión, lógica e irrebatible: la presencia de la cana sólo puede deberse a una cosa... mimetización.

Me explayo: de un tiempo a esta parte me estoy juntando con personas un poco mayores que yo. Y cuando digo "un poco" es para no herir sus sentimientos. La verdad es que me llevan una década.
Pero el agravante suceció el pasado fin de semana, período durante el cual sufrí algo así como un dosis intensiva.
Quiero aclarar, sobretodo porque algunos de ellos leen este humilde blog, que no tengo queja ninguna; por el contrario, fue un fin de semana de lo más relajante, divertido, disfrutable en fin. Pero de algún modo que sólo ahora estoy percibiendo, mi reloj biológico se vio confundido. Se mareó. Se salteó etapas. Y eso, solamente eso (por lo menos a mi entender), explica el acontecimiento que tuvo lugar hoy en el ascensor.

Sepan disculparme si herí alguna que otra sensibilidad.
Sepan incluso entenderme. No todos los días se entera una, con pruebas contundentes al menos, de que el camino a la vejez es irreversible, tiránico y sumamente despreciable.

* para los que no entiendan las indirectas permítanme ser un poco más concisa: ando precisando un espejo. si usté todavía no colaboró con la causa (causa=mi independencia), un espejo sería una buena opción.

23/10/09


Hace unos años trabajé en una empresa que trae cosas de Estados Unidos. Cosas que se compran por internet, más precisamente. La empresa se encarga del flete aéreo Miami-Montevideo.

La cosa es que trabajando ahí, descubrí el maravilloso mundo de las compras online.
Miles de sitios me recibían con descuentos y ofertas de estación. Todos me brindaban un carrito para que yo llenara con mis elecciones.
Y qué cosa tan linda llenar ese carrito!!

Venía siendo inofensivo, hasta que lo descubrí a él: ebay.

Ebay fue para mí un camino de ida. La perdición, digamos.

El sistema de subasta era lo mejor. Habían verdaderas gangas. Los remates empezaban en 0,1 usd. Hagan cuentas. Eran gangas.
Así que por diversión, empecé ofertando en un dvd de moby que salía 0,75 usd.
Nadie ofertó más que yo, y gané el item.
Lo sentí como un verdadero triunfo. Una victoria personal.
Seguí ofertando en todo lo que vi que saliera menos de 1 usd.
Al principio lo hice como diversión, pero después se volvió un vicio.
No podía dejar de ofertar.
Tapajuntas para puerta a 0,37 usd: yo ofertaba
Llavero de las spyce girls por 0,13 usd: yo ofertaba
Extintor para auto a 0,99 usd, ofertaba...

Y así empecé a ofertar y ofertar cosas que no quería comprar.
Siempre cuidaba de que hubiera otro comprador que se llevara el ítem.
Pero sucedió algunas veces (al igual que con el dvd de moby), que nadie más ofertó y me llevé el trofeo.
Cosas inútiles, cosas que no quería comprar.
Con llanto en los ojos me veía ganadora de destornilladores anatómicos, gomas de borrar con olor a chocolate, tazas de plástico con brillantina flotante, y todo tipo de porquerías que salían menos de 1 usd.
Claro, no era un vicio tan caro, aunque sí era peligroso.
Yo no quería nada de eso pero no podía dejar de ofertar. No podía. Era más fuerte que yo.

Terminé renunciando a mi trabajo, sólo porque el sueldo no alcanzaba para solventar los fletes.

Demoré 5 años en superar mi vicio. Alejada todo este tiempo de las tiendas online.
Hasta ayer...
Día en que alguien, que se decía ser mi AMIGA, me pasó el pique de unas páginas yankis donde se compra ropa online. Modelos exclusivos, hermosos, por 3 usd, 4 usd, incluso 2 usd.

Me tembló el pulso unos minutos, y luego, no pude con mi condición: doble click y a llenar ese carrito!
(La semana que viene voy a estar recibiendo un montón de ropa en casa).