(toma 1)
Hace cuestión de dos meses montaron en Montevideo una pista de patinaje sobre hielo (supimos tener una que se fundió allá por los años 90).
Así que el lunes una amiga me invitó a visitar las instalaciones y volver de algún modo a recordar nuestra infancia.
La pista fue montada adentro del estacionamiento de un shopping center (si, adentro de un estacionamiento) y no es una cosa que digamos ... muy grande.
Pero da para divertirse.
Ya de entrada acordamos comprar sólo media hora (no daba para más).
Después de algunas vicisitudes, como que los patines no eran del talle que pedimos, el locker era tan diminuto que sólo entraban mis zapatos, etc... nos hicimos camino a la pista.
En el trayecto, alcancé a escuchar el diálogo entre dos empleados, donde comentaban que era hora de "limpiar" la pista, porque la gente se estaba quejando.
Enseguida me di cuenta de por qué se quejaba la gente: la pista era un gran acumule de hielo picado. Más parecía estar patinando sobre nieve que sobre hielo liso.
Esto ocasionaba, entre otras cosas, que a cada rato tropezaras o se trancaran los patines.
Una profesora británica (lo supe porque me habló en inglés en una oportunidad), enseñaba a los niños algunos pasos básicos que yo copiaba de reojo, para no quedar en evidencia.
Pasaron unos 10 minutos y entonces comenzó la operación "limpieza".
El primer paso:
Encerrarnos cual ovejas en una mitad de la pista, limitando mediante conitos naranjas.
Lo que ya era un espacio chico para patinar, se transformó en doblemente chico. Ya casi me mareaba al dar las vueltas.
Sin mencionar los niños que casi me llevo puestos en varias ocasiones.
Segundo paso:
Barrer el hielo derretido/molido.
Se abrieron las compuertas de una estructura montada para la ocasión y salieron al ritmo de chayanne (el dj no tenía mucho criterio) 3 muchachos en patines, armados con enormes palas, que en una coreografía digna de olimpiadas, fueron juntando montañas de "nieve" en las 4 esquinas.
Tercer paso:
... y entonces sucedió lo que me temía. Una muchacha, la misma que había oficiado antes como profesora de patín, pala en mano, se puso a juntar la nieve acumulada y la fue tirando (si, tirando) hacia el estacionamiento.
Es difícil describir la imagen. Máxime si no se tiene conciencia del espacio donde está ubicada esta pista. Pero créanme, fieles lectores, que fue una de las imágenes más uruguayezcas que he presenciado.
La pobre chica ponía todo su empeño en juntar paladas de nieve que luego arrojaba por los aires en dirección al estacionamiento. Dicho sea de paso, no tardó en formarse un gran lago en el perímetro de la pista.
En cuanto quedó pronta la primera mitad, nos arrearon otra vez como ovejas asustadas, dejando libre la mitad sucia, y procedieron nuevamente a limpiar siguiendo los 3 pasos memorables que acabo de describir.
No hubo desperdicio.
Creo que el espectáculo valió cada uno de los pesos que pagué.
Nunca voy a olvidar la imagen de la profesora británica, rubiecita y delicada, paleando nieve con todas sus fuerzas mientras pensaba (seguramente): "y yo me vine desde Glasgow para esto!!??"