De todo un poco y de nada mucho
Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
Bienvenidos y no olviden dejar sus zapatos en la entrada.
Gracias.
29/8/09
Hoy estoy de buen humor. El día estuvo horrible. Llovió toda la tarde y el frío fue de los más crueles que hubo en todo el año. Pero eso no impidió que yo estuviera de buen humor.
La razón?
Ni idea.
Creo que mi estado anímico tiene algo así como vida propia. Es independiente de cualquier vibración. Independiente de lo que hay en el aire, de lo que pase en mi entorno.
Y ahora que estoy tan contenta, me voy a ir a desperdigar mi alegría por el mundo. Empezaré por un cumpleaños que tengo en un par de horas. Les voy a contagiar a todos mi hermosa y amplia sonrisa.
Aaah... que lindo es estar bien !
28/8/09
Hoy tengo ganas de abstraerme.
Abstraerme de mi cabeza que piensa todo el tiempo, que piensa demasiado.
Abstraerme de las cenefas que son cada vez más grandes y con más luces.
Abstraerme de San Jacinto y sus demandas de tiempo completo.
Quiero abstraerme de ella, que viene con sus quejas y sus reuniones de mediodía.
Abstraerme de él que no entiende, que sigue llamando... y que no entiende.
Abstraerme de él también, que ocupa todos y cada uno de mis pensamientos.
Hoy tengo ganas de abstraerme de mí misma, de mi mundo, de mis cosas. Dejarme acá, como un envase, e irme lejos. A las playas de Ios, a las calles de Nepal, a los barcitos de París. Quiero irme al Central Park, escaparme a Petra, perderme en Istambul.
No quiero estar acá hoy.
Hoy no quiero ser yo.
22/8/09
Ella esta convencida de que él hizo todo mal. Él no está de acuerdo.
Las visitas mensuales ya no son suficientes para ella. Él no quiere cambiar eso.
Así es que, después de 30 años de idas y venidas, tire y afloje, discusiones a la madrugada, golpes de puertas y platos por el aire... la decisión decanta en palabras y se pronuncia:
- Quiero que te vayas.
Ante semejante pedido, él no discute, no contradice, no pide explicaciones. Agarra sus petates y se va.
Se va lejos, bien lejos. Adonde sólo se pueda llegar después de viajar 2 días o 2 horas (depende del medio de transporte elegido).
Pasa el tiempo y las cosas van volviendo a su sitio. Donde antes habían llamadas, se hace silencio. Donde habían mails, queda el vacío. Donde habían visitas mensuales, queda la ausencia.
Un día, él llega a su apartamento después del trabajo, y encuentra evidencia, clara y concisa, de que ella estuvo ahí: en el piso hay una película tirada. En el reproductor está puesta una que él nunca hubiera elegido ver, y sobre la mesa de centro varias latitas de cerveza vacías.
Ahora él tiene una teoría. Una teoría ridícula, pero que le permite seguir adelante con certezas auto inventadas:
Aprovechándose de que él trabajaba, ella viajó 2 días (o 2 horas, él no lo sabe bien), entró a su apartamento y revisó sus cosas. Prendió la televisión, y como no había nada entretenido, prendió el reproductor de dvd. La película que estaba puesta no le gustó. Así que la tiró al piso, con maldad, típica maldad de esta mujer terca, que toma decisiones apresuradas. Eligió otra película, una malísima y mal subtitulada, y la vio tirada en el sillón, tomándose varias latas de cerveza.
Cuando la película terminó, ella apagó la televisión y el reproductor. Agarró su abrigo, la cartera, y se fue del apartamento. Trancando la puerta, por supuesto.
Y así es como él llega a la lógica conclusión, de que ella todavía lo quiere. De otro modo no hubiera viajado 2 días (el sacrificio es mayor si fueron 2 días), sólo para verse una película y tomarse unas cervezas.
Ella lo quiere, y ahora él lo sabe con certeza.
21/8/09
No uso reloj. No me gusta.
No es que juzgue a quien usa reloj, pero en general simpatizo con quienes no lo hacen.
Hoy, viajando en el A14 a Tala, descubrí un cuento de Cortázar que acá les dejo (sonrisita mediante):
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
(Cortázar - Historias de Cronópios y de Famas)
19/8/09
Oh! como quisiera que lo recuerdes
esta canción era la tuya
era tu preferida, creo
que es de Prévert y Kosma
y cada vez, Las hojas muertas
te llama a mi recuerdo
día tras día, mis amores muertos
no terminan de morir
Con otros me abandono,
pero su canción es monótona
y poco a poco me vuelvo indiferente,
nada se puede contra ésto,
pues cada vez, las hojas muertas
te trae a mi recuerdo
día tras día, mis amores muertos
no terminan de morir
No podemos saber dónde ni cómo comienza
ni cuando termina la indiferencia
pasa el otoño, viene el invierno
y que la canción de Prévert,
esta canción, Las hojas muertas
se borre de mi recuerdo
y entonces, ese día
mis amores muertos
habrán terminado de morir
(Chanson de Prevert - Gainsbourg)
17/8/09
La promesa
Yo asentí con la cabeza.
Me prometiste que el tiempo pasaría rápido. Que habrían llamadas, mails, visitas, y que el tiempo pasaría rápido.
Yo asentí con la cabeza.
Prometiste que todo iba a estar bien, que no tuviera miedo. Y asentí con la cabeza.
Pero mientras asentía yo me estaba despidiendo, en silencio.
Después tomaste mi cara entre tus manos y me diste un beso. Un beso largo. Que tal vez duró segundos pero pareció mucho más. Y mientras me besabas yo me despedía. Mientras me abrazabas, en silencio yo me despedía.
Después entraste a la estación y vi tu espalda perderse entre las demás espaldas.
Y ahí mismo lo supe, que algunas promesas están hechas para eso… para ser dichas, simplemente.
16/8/09
Mis 15 minutos
El sábado me encontré reunida entre amigos y amigos de amigos. Tomamos un vinito, comimos piztachos y escuchamos pink floyd.
Algunos querían jugar a las cartas.
Yo, tirada en el sillón, mutando copa en mano, sólo quería dejarme ser por el resto de las horas.
Así que propuse "hablemos de la vida" (que vendría a ser lo mismo que "hablemos de cualquier verdura")
Igual ese no es el punto de esta anécdota. El punto es que tanto hablar nonsense, en algún momento y no sé muy bien por qué, una amiga mía comentó al resto de los presentes (los que no me conocían) que yo escribía en un blog y que estaba muy bueno (claro, es mi amiga, se supone que los amigos le dan pa´delante a uno)
- "cómo se llama tu blog?" - preguntaron por allá
- "chicapastiche" - respondí sonrojada, porque aunque no me crean, odio promocionar el blog (las pancartas y los panfletos no fueron idea mía).
Y entonces esta persona que había preguntado, exclamó con verídico asombro: "vos sos chica pastiche!!?? noooooo , en seriooooo!!!???"
Resulta que me conocía.
Es decir, no a mi, sino a chica pastiche.
No importa acotar más. Ni las razones por las cuales conocía a CP, ni las razones por las que hizo la exclamación (nunca supe si fue algo bueno o malo).
Lo que importa acá, es que por un breve, brevísimo instante de tiempo, sentí que era algo así como famosa. Conocida al menos.
Fueron mis 15 minutos. Que en realidad duraron 15 segundos.
Pero se sintieron muy bien...
pd: si estás leyendo, te dedico una guiñadita ;)
13/8/09
Nuestros gritos eran escuchados por todos los vecinos. Ya todos sabían el motivo de la pelea, los fundamentos de cada uno y los enojos atrasados que teníamos adentro.
Todos escuchaban, menos nostros dos, que seguíamos gritando a la par, sin prestar atención a lo que dijera el otro.
Por fin tomé la iniciativa de terminar todo. Te pedí que no me buscaras, mi desición era permanente. Me iba y no quería saber nada de vos, nunca más. Salí y cerré la puerta con un golpe seco.
Mientras me alejaba, la rabia cedió lugar a la pena. No quería que todo terminara así, pero vos te lo habías buscado. Ah sí... te lo habías buscado.
Y entonces, en un ataque de macho herido, te asomaste por la ventana y me dedicaste un insulto. Sabías que eso me dolía. Sabías que era lo único que realmente me lastimaba, pero lo dijiste igual. Todavía entre lágrimas, me gritaste "ojerosa!".
Y eso fue todo. Lo demás lo hice en un ataque de ira. Agarré un pedazo de baldosa suelta, me di media vuelta y corrí hacia la casa. Entré como una ráfaga. Al verme te alegraste, pensando que volvía a tus brazos. Seguramente no esperabas lo que pasó.
Con paso firme y rápido, me acerqué a vos, y con el pedazo de baldosa te martillé el cráneo varias veces, hasta que caíste desmayado. Y una vez en el piso, seguí golpeando, aplastando y triturando, hasta que ya no quedaba nada, y la sangre corría como un río y salía por esa puerta que deberías haber trancado.
Y cuando terminé, toda manchada en tu sangre, miré tus pedazos desparramados y te dirijí una última pregunta: "a ver quién es el ojeroso ahora?".
9/8/09
Allá están ustedes, con bach sonando desde una fm puesta “al azar”
Acá estamos nosotros, los que bajamos el promedio de edad, y vos estás cantando que la lluvia cae sobre montevideo hoy como ayer
Nos robamos la estufa. Me robé un cd.
Después de tantas horas mirándote, ya te veo más blanco, más brillante. Sos tan lindo monitor.
Me llaga un mail tuyo. Tres mails tuyos. Sólo ver tu nombre en la bandeja de entrada me pone nerviosa. Más cambios? No me digas que hay más cambios…
Ahora venís vos y me hablás de colectores solares. Sólo eso me faltaba… colectores solares…
Pasame un mate, por favor.
Y allá estás vos, me servís café y me decís que linda quedó la planta de techos. Gracias, me sonrojo.
Vos te vas hoy, a la madrugada. Te vas y probablemente no te vea hasta dentro de 5 años. Pero pasa rápido el tiempo, me decís.
Mientras te escribo a vos, el despiezo de vidrios está cambiando.
Y mientras te escribo a vos, reclamo y me quejo, no sé si quiero poner árboles en la azotea.
2/8/09
Itadakimasu
Cuando estuvimos en Japón, como es de suponer, no entendimos mucho del idioma. Pero sí nos esmeramos en aprender ciertas palabras o frases, como: "hola", "gracias", "si", "no", "chau" y ese tipo de cosas.
Los japoneses hablan como cantando. Es muy lindo escucharlos hablar. Fue muy lindo haber estado ahí, para escucharlos tan cerca, tan reales...
Pero esa no es la historia.
La historia es, que todas las noches que estuvimos en Tokyo nos íbamos a cenar a algún "bolichito" de una calle cerca del hotel. Era una calle bastante transitada, con lucesitas en los árboles y muchos de estos "bolichitos".
El sistema era siempre el mismo: al entrar, una máquina de menú te recibía con las diferentes opciones. Estaba la línea de las carnes, la de los arroces, la de los acompañamientos y la de las bebidas.
Luego de que elegías tu combinación, la máquina te calculaba el precio. Ingresabas los billetes o las monedas, y la máquina te daba un tiquecito, del tamaño de un boleto de ómnibus.
Con eso pasabas a la barra y te sentabas. No hay mesas en estos lugares, sólo barras con banquetas. Es que los japoneses están siempre muy apurados. Nadie se sentaría a comer, sería una real pérdida de tiempo.
Así que te sentabas en la barra y el mozo te pedía el ticket, con el cual preparaba tu cena. Siempre, no importaba la combinación que hubieras elegido, te ganabas un huevo crudo como aperitivo. Huevo crudo que nunca comimos. Huevo crudo que mi amiga una vez intentó hacer que se lo cocinaran, sin éxito alguno, porque los japoneses en general, por raro que esto suene, no hablan inglés.
La comunicación se hacía difícil, limitada, frustrante incluso. Más que nada para ellos, que son tan serviciales y quieren ser tan amables. Y no pueden entenderte ni hacerte entender. Se les nota en la cara la impotencia. Se bloquean. Te miran fijo y no saben muy bien qué hacer. Así sucedió la vez que mi amiga quiso que le hirvieran el huevo.
Pero esa tampoco es la historia.
La historia es que todas las veces, en esas noches que nos íbamos a cenar no como turistas, sino como japoneses, escuchábamos al mozo gritar, una y otra vez, cada 5 o 10 minutos, algo así como "itadakimáaaasu". No era molesto, no era gracioso, simplemente era desconocido. Intrigante. No entendíamos qué quería decir, si debíamos decir algo también, cómo debíamos actuar. Recuerdo alguna vez habernos burlado de esa fracesita. Risitas inmaduras o nerviosas tal vez.
Mirábamos a los costados, nadie contestaba y nadie se inmutaba tampoco. Siempre el cantito: "itadakimáaaasu"
Lo olvidé después. Lo olvidé cuando crucé el mar amarillo. Lo olvidé durante el resto del viaje. Pero no lo había olvidado del todo, en algún punto de mi memoria siguió latiendo, constante, intacto, hasta ayer.
Y esta sí es la historia: ayer vi una película japonesa, no importa el nombre ni la trama, importa que por primera vez desde que dejé Japón, volví a escuchar ese cantito tan familiar: "itadakimáaasu". Mis sentidos se dispararon, y entonces una sonrisa inevitable se plantó en mi cara. Ahi en la pantalla, en arial y en color blanco, estaba la respuesta a una pregunta que nunca formulé, por pereza, por falta de curiosidad o simplemente por olvido. Los subtítulos revelaban el significado de itadakimásu, quería decir "buen provecho".
Perdida en la traducción, no había entendido que todas esas veces, antes de comer mi cena, el mozo me estaba deseando, nos estaba deseando, que tuviéramos buen provecho.
Y me entró una nostalgia extraña, inexplicable. Quise volver atrás a esas noches, quise vivirlo de nuevo para poder responder como era debido. Poder decir "arigató", o sonreír al menos...
Y esta entonces es la historia, de cómo perdí ese momento, de cómo se me pasó, y de cómo la enseñanza me vino más de un año después, cuando distraída y de manera fortuita, me puse a ver una película cualquiera en una noche como tantas más.