De todo un poco y de nada mucho


Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
Bienvenidos y no olviden dejar sus zapatos en la entrada.
Gracias.



20/2/10


La noche estaba especialmente oscura, sin luna ni luces en la calle.
Me daba un poco de miedo estar caminando a esa hora, por esas calles vacías, pero trataba de mantener mi paso firme y rápido.
Las sombras de los árboles, aún más oscuras que el resto de la vereda, me asustaban por momentos.
Entonces lo vi a él.
Estaba sentado en el cordón, justo en la esquina. Tenía puesto un chaleco verde, que hacía juego con sus pantalones cuadriculados. Los zapatos sucios de tierra. Parecía concentrado en algún pensamiento. La mirada fija en un punto lejano. Entonces me sintió acercarme. Mis pasos que hacían ruido en las baldosas rotas.
Me miró. Me miró mirarlo.
Eso debió incomodarlo un poco, porque carraspeó y trató de incorporarse.
Cuando pasé a su lado, miré en otra dirección. Me hice la que no me interesa, no te estaba mirando a vos.
Pero era tarde, él ya se había dado cuenta.
- Estaba pensando - me dijo.
Seguí caminando. no quise ser antipática, simplemente me intimidó y no pude responderle, ni siquiera frenar mi paso.
Pero él me siguió.
- Hey, te hablé a vos - dijo mientras acompasaba su paso al mío.
Mirándome de perfil, la respiración fatigada.
Sólo entonces lo miré a la cara.
Parecía cansado. La barba un poco crecida, rubia. Un pañuelo blanco y negro enredado en el cuello. Seguía respirando agitado, y cada vez que exhalaba aire una nubecita de vapor salía de su boca.
- Perdón - dije tímidamente - no me di cuenta que era a mí.
- No hay por qué pedir perdón, es natural. Soy un extraño que te está siguiendo, es denoche, no hay nadie en la calle, hace frío... yo tampoco hubiera respondido.-
Sonreí. Más por educación que por voluntad propia.
El siguió:
- Y sé cómo suena esto, pero en serio no soy peligroso.
- Ah, no?
- No! No soy! Como te dije antes, estaba pensando. Pensaba nomás.
- Está bien - le dije. Porque me parecía bien, realmente. Pero la charla empezaba a incomodarme. Mi está bien significaba en cierto modo: ahora dejame en paz, seguí pensando, volvé a tu cordón. Dejame caminar sola que yo también venía pensando.
Pero no me animé a decirle todo eso. Y sólo quedó en "está bien".
- Te molesta que te acompañe algunas cuadras? Hasta adónde vas?
- Eeeh... acá nomás. Dejá, no te preocupes, camino sola.
- Estás loca? A esta hora? No me parece.
- Pero estoy cerquita.
- No importa. Yo te acompaño. Cómo te llamás?
- Eeeh... Karime, me llamo Karime.- La realidad es que no me llamo así, pero nunca digo mi verdadero nombre a un extraño.
- Karime? Es lindo ... de qué orígen es?
- Realmente vas a seguirme, verdad? Entonces, pienso, vamos a discutir la procedencia de mi nombre? Ese es tu fin? Caminar conmigo un par de cuadras preguntando sobre mi nombre?-
Mi voz debió sonar bastante grave, porque él se calló enseguida y aminoró el paso.
Me sentí mal por haberle dicho esas cosas, pero no iba a pedirle perdón. Realmente quería que se fuera.
- Está bien. Entonces supongo que no querés saber el mío.
- La verdad que no.
- Ok. entiendo. Pero igual no voy a dejarte caminar sola. Así que simplemente te acompaño, en silencio, y si querés hablarme yo te escuchó, ta?
- Mhm.

Pasó un buen rato. Caminamos tres, quizás cuatro cuadras. Cada vez me parecía más lejos. Parecía no llegar nunca a mi casa.
Las cuadras se iban haciendo más largas. Los minutos eternos. El silencio, increíblemente apretado. Me apretaba.
Lo rompí:
- Ya estamos cerca.
- Uf. Qué suerte que dijiste algo. Estaba por volverme loco. No puedo estar en silencio mucho tiempo, sabés? Me pone mal. Me enloquece. Necesito hablar, todo el tiempo. Excepto cuando pienso. Si me concentro a pensar fijamente en algo, entonces me olvido de mi voz. Me olvido de exteriorizar todo lo que me pasa por la cabeza. Y es ahí, recién ahí, cuando me callo.
- Bueno, pero acabas de hablar todo lo que te habías callado en estos minutos. Jajaja.-
Me hizo gracia. Por primera vez me causaba gracia escucharlo. Tan serio, debatiendo sus problemos con su yo, con su voz. Y por primera vez me gustó tenerlo cerca. Se sintió familiar. Me pareció conocerlo desde hacía mucho tiempo.
- No te pasa?
- Si no me pasa lo qué?
- Eso, de que tenés que hablar todo el tiempo.
- Ah, eso... No, no me pasa.
- A mí sí. Y si no hay nadie cerca hablo conmigo mismo. Invento diálogos incluso.
Invento personas a mi lado. Personas que en realidad no existen, que nunca vi. Pero podemos dialogar y todo.
- Estás mal. sabías?
- Si, bueno, algunas de esas personas me lo dicen. Que estoy mal. Algunas de esas personas me hacen callar. Otras no, les gusta que les hable. Estamos cerca, no? Genial, porque sólo cuando estoy llegando a mi casa me calmo un poco. Es realmente enloquecedor vivir así, pero tengo que hablar, te das cuenta? No puedo no hablar. Porque si no hablo pienso. Y si el pensamiento viene muy fuerte, entonces pum, me concentro, se me va la vista, chau todo el resto. Y me cuelgo ahí, en ese pensamiento, en ese punto que flota, estático. Y es como un trance. A veces no puedo salir de ahí. Por eso, muchas veces, un buen diálogo mejora todo. Pero estamos llegando a casa, voy a poner mis pies en un balde con agua caliente, me voy a afeitar, me voy a sentir mejor, sí, qué suerte que ya falta poco...-

Su voz se fue desvaneciendo y no escuché sus últimas palabras. Para cuando llegó a destino yo ya no estaba con él.

8 comentarios:

Bló! dijo...

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¡Jotapé! dijo...

¡Tenía ropa de duende!

chica pastiche.- dijo...

Está vivo !!
Jotapé está vivo !!

El viento a contramano dijo...

Era un un duende, pero de los buenitos... o sino, un angel de la guarda hablador. Lo volviste a ver, Pastiche???

La foto de Jotapé es genial, y la peli de donde viene también "el milagro de P. tinto" recien ahora me doy cuenta, jaja, esa peli me hizo reir mucho, mucho...

Chau, Pasticheee!!!

P/d: si la de la imagen sos vos Pastiche, te cuento que tenes ojitos de niña soñadora :)

chica pastiche.- dijo...

si, y cachetes de Quico.

El viento a contramano dijo...

Oigame, espero que no se esté desmereciendo, que con sus ojitos de soñadora y sus cachetes de Quico (¡no me simpatizas! jaja), se la vé muy bonita...

Y ahora sirvame el té helado que me prometió en el anterior post, puesto que hoy tengo tiempo y me puedo quedar un rato...

Marina dijo...

Ah! Yo, mi otro yo y su otro yo!
Me encantó este relato, chica. Y la música de fondo!

(estás preciosa en la foto)

Besos!

chica pastiche.- dijo...

pff gracias marina. creo que no se entiende bien lo de los yos.
mi culpa, por supuesto.

como me dijo alguien una vez (varias veces) : la culpa nunca es del que no entiende.

tendré que revisarlo.

(gracias, tuve un buen fotógrafo)

bso!
y suerte con el frío.