De todo un poco y de nada mucho


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20/2/08

Los recuerdos no son claros, es que fue hace mucho tiempo, allá por 1785. En esa época yo vivía en una casa muy grande en el centro de la ciudad. Era una linda casa pero tenía que compartir mi morada con cucarachas de las más asquerosas, así que decidí mudarme. Tras buscar por un tiempo, en 1812 encontré un lugar donde establecerme: un apartamento en el centro de Pamplona. El lugar era hermoso, muy pintorezco y con una vista espectacular. Pero después de unos años comencé a aburrirme. Siempre el mismo paisaje, los mismos ruidos, las mismas personas... En 1870 me llegó una invitación de unos parientes lejanos, que nunca había visto, que me proponían visitarlos en Budapest. Sin dudarlo un instante, hice mis valijas y me fuí silbando bajito. Mis parientes resultaron ser muy amables, pero pronto me aburrí de ellos también. No estaba acostumbrado a tener que compartir mi rutina. Una mañana de 1929 me decidí por fin. Salí bien temprano, sin hacer ruido para no despertar a nadie, no me gustan las despedidas. Dejé una carta doblada sobre la mesada de la cocina donde explicaba los motivos de mi extraña partida. Ese día caminé hasta quedar agotado. Quería llegar pronto a algún lugar que me albergara durante los próximos años. En este tiempo había llegado a conocerme un poco mejor, y sabía que me iba a aburrir de cualquier sitio en el que parara. Sin embargo, no había otra opción, tenía que encontrar un nuevo hogar. Caminé y caminé, me tomé un barco sin saber su destino y fuí a parar de algún modo al puerto de Montevideo. Conseguí una habitación en pleno centro, con una gran ventana y mucho espacio para poner mis cosas. Me sentía cómodo y contento. Salí a comer esa noche, y me crucé con Charles Édouard Jeanneret, un arquitecto de prestigio según me dijo el mozo. En Montevideo fue donde más tiempo me quedé. Pero llegó el día en el que debía partir. Me lo pedía la mente y me lo exigía el alma. Era 1998 cuando agarré mis cosas y me dirigí nuevamente al puerto. Algún día volveré... quien sabe.

2 comentarios:

briones dijo...

no se si fue un final feliz o nostalgico.

al fin al cabo onsiguio conocer algo nuevo, nada como alejarce del origen para admirar su explendor.

tipico mexicano que presume su pais en los estados unidos pero en México uno habla peste de él.


saludos

Adris dijo...

Que padre viajar y conocer tantos lugares... pero creo que siempre llegara un momento en donde querras estar!!