De todo un poco y de nada mucho


Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
Bienvenidos y no olviden dejar sus zapatos en la entrada.
Gracias.



31/3/09


Cuando era chica (tendría 10 años aprox) un compañero de la escuela me regaló un gusanito de seda. Era blanquito y suave.
No hacía mucho que digamos, pero igual me encariñé con él.
Le construí una casita adentro de una canasta. Puse pastito, hojas, todo un parque de diversiones para el gusanito (desde chica se notaba mi tendencia por el paisajismo).
Dormía con él al lado de mi cama.

Cierta mañana, al despertarme, vi con terror en los ojos cómo una fila de hormigas entraba por la ventana del cuarto, hacía zigzag por entre los muebles y trepaba hasta el interior de la canasta, devorando con brutalidad a mi pobre gusanito de seda, que se retorcía de dolor intentando escapar de la muerte segura.

A partir de ese día hice la promesa de que mataría a todas las hormigas que se cruzaran en mi camino.
Mantuve la promesa un buen tiempo pero después tuve que perdonarlas... hay demasiadas hormigas en el mundo.

3 comentarios:

-- Diario 2011 : El Futuro Ya ! -- dijo...

Ohhh...
Tal cual, que el resto de las hormigas no paguen por las verdaderas asesinas ..


PD . Mi sueño es armar un parque de diversiones para hamsters, con toboganes, amahacas, rueditas por varios lados, columpios, montañas rusas, etc.

Federico dijo...

demasiado tierna tu anécdota

alejandro dijo...

las hormigas, como los gatos, son una sola. cada hormiga que vemos es la misma hormiga.
perdonarlas porque son muchas es cansarse. perdonalas, porque son tan inocentes como el gusano...
aunque duela