De todo un poco y de nada mucho


Este blog ha sido creado en honor a todos los pastiches del mundo.
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Gracias.



11/11/10

Leyendo el blog de jennisima, recordé una anécdota sabrosa, que desearía compartir con ustedes, si me lo permiten.
Y si no me lo permiten también, porque para eso soy la dueña de este blog, JA!


Sucedió hace unos 7 años. Estaba en la casa de mi padre, en Brasil.
Él y mis dos hermanos habían salido a "trabajar".
Como yo me había quedado durmiendo a pata suelta, decidí hacer algo por ellos, algún gesto de cariño y compensación. Se me ocurrió que era una buena idea cocinarles algo.
No recuerdo el menú, pero incluía cocinar arroz.
De abajo de la mesada agarré el aceite y frité un poco de cebolla con el arroz. Noté que no hacía ruidito de fritura, pero supuse que el aceite brasilero era así mismo.
Eché, entonces, el agua para hacer el arroz. Al instante se formaron un montón de burbujitas y espuma, a la vez que salía un delicioso olor a limón.
No tengo mucha experiencia como cocinera, pero seguro que algo no estaba bien.
Volví a mirar bajo la mesada y... oops! En vez de aceite había usado detergente.

No sé exactamente qué me llevó a actuar como lo hice a continuación, pero en vez de tirar y hacer el arroz otra vez, decidí lavarlo (literalmente lavarlo, jejeje), y una vez que lo supuse limpito, repetí la operación de fritado, esta vez asegurándome de usar aceite de verdad.
Terminé justo a tiempo cuando los hombres de la casa entraban por la puerta.

-Tenemos hambre! - exclamaron.
-Genial, porque les preparé el almuerzo! - dije orgullosa y serví la mesa.
Comenzaron a comer.
-Mmmm, qué rico - dijeron saboreando el jabonoso arroz.

Pasó un rato de incómodo silencio hasta que uno de mis hermanos observó tímidamente, como con miedo a herir mis sentimientos:
- El arroz está un poco... estem... raro.
- Si - acotó mi padre - creo que le falta sal , no?

Ahí ya no pude resistirlo más. Era hora de confesar mi desastroso rol como cocinera y evitarles seguir con el suplicio.
Solté la carcajada al momento que les contaba la anécdota y retiraba los platos.


Ese día me quedó claro cuánto me quieren esos tres!
(También me quedó claro que el paladar de mi padre deja mucho que desear...).


1 comentario:

· Reina de las Taradas · dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJA

Nota: Nunca comer algo que cocines vos